26 de abril de 2010

La resistencia de los indígenas del Cauca


La resistencia indígena comunitaria del Cauca, encuentra su origen y se nutre de la resistencia histórica o ancestral de los pueblos indígenas asentados en este departamento, en la parte suroccidental de Colombia.
Actualmente, están conformados por nueve pueblos indígenas que se asientan en 77 resguardos (comunidades) y que representan una población estimada en 255.486 indígenas.

En forma ejemplarizante, desde su resistencia ancestral, los pueblos indígenas de Colombia han logrado pervivir a distintas violencias, en las últimas décadas se han convertido en importantes actores sociales y políticos, y aportan al proceso de construcción de paz en este país.

Los pueblos indígenas del Cauca, generadores del movimiento indígena en Colombia, en los últimos treinta años se han comprometido con propuestas y acciones no violentas en torno de la recuperación, el fortalecimiento y la protección de sus culturas, su ejercicio de autonomía, y el desarrollo de un proyecto político que ellos identifican como la “construcción de un nuevo país y un mundo posible y deseable", esta visión es similar a la de los zapatistas en Chiapas.

La resistencia indígena del Cauca es histórica, compleja, y fuerte. Ésta constituye una experiencia de construcción de paz desde la base y mediante mecanismos no violentos. Tiene características propias, se expresa en escenarios locales y zonales que se articulan en el regional, y en diversas propuestas y estrategias. Todas ellas se alimentan y retroalimentan dentro de dinámicas propias y participativas, y diversas estructuras que han hecho posible la unidad en la diversidad.
Este departamento se ha caracterizado por la persistente huella de la historia en la generación de profundas desigualdades, diversas formas de exclusión e injusticia social; la composición multiétnica y pluricultural de su población; expresiones de acumulación de riqueza y de pobreza extrema; presencia de diversas modalidades de violencia; y la emergencia y consolidación de movimientos sociales, iniciativas de paz desde la base y experiencias de resistencia civil.
En el contexto actual, en el marco de la política de seguridad democrática del Estado, se ha registrado una mayor militarización de las comunidades, dado que además de la tradicional presencia de los actores armados que se asientan en el territorio, ha ingresado la Policía Nacional, se han instalado Batallones de Alta Montaña, y se han conformado soldados campesinos y redes de informantes.
Las diversas formas de resistencia indígena del Cauca, están visiblemente marcadas por experiencias que han sido generadas desde las bases, en lo local, zonal y regional, estas experiencias no han emergido como producto de iniciativas o imposiciones desde afuera, sino desde la iniciativa de sus necesidades, aspiraciones y procesos propios, las cuales son acciones colectivas en torno de la transformación de la realidad.
La fuerza convocante de los valores que defienden o banderas de lucha, como la vida, la autonomía, la cultura, el territorio, la unidad, la integridad de sus comunidades, el reconocimiento de la diversidad étnica, y propuestas alternativas de desarrollo propio, desde su cultura y necesidades. También, su oposición a modelos económicos homogeneizantes, como la globalización y el tratado de libre comercio.
La incidencia de la planeación en la emergencia de las experiencias, su desarrollo y proyección, y en el ejercicio de la resistencia no violenta. En tal sentido, se educa a las comunidades para asumir esta resistencia, se construyen de manera participativa y comunitaria los planes y manuales de resistencia civil, y estos procesos a su vez son concebidos como planes de vida de los pueblos indígenas.
Cuando el conflicto armado se expresó con intensidad en sus territorios en detrimento de sus banderas de lucha, la resistencia indígena se ejerció también contra esta modalidad de violencia y todos sus actores, mediante estrategias no violentas como el diálogo, la “guardia indígena”, los manuales de resistencia civil, la formación para la resistencia civil, las asambleas permanentes, las movilizaciones masivas, las mingas en resistencia, los pronunciamientos de autonomía y acciones directas no violentas para la protección de las comunidades, la defensa de la autonomía y la liberación de secuestrados.
Las estrategias de resistencia civil indígena también han consistido en movilizaciones masivas, como la realizada en septiembre de 2004 que convocó aproximadamente a 70.000 indígenas; decisiones de congresos regionales y zonales que han dispuesto como forma de intercambio el trueque de productos entre cabildos y zonas, y el consumo de los productos que se cultivan en los resguardos para no depender de los que se traen de afuera; la capacitación sobre el significado y el impacto de la globalización; y las relaciones interétnicas, entre otras.
En términos generales puede afirmarse que la resistencia indígena comunitaria del Cauca se ha ejercido en forma integral, como mecanismo de lucha y de defensa, contra la violencia estructural, la violencia del conflicto armado y el modelo económico neoliberal.
Así, para poder enfrentar y resistir esta embestida, su resistencia está condicionada a sus principales fortalezas comunitarias, como lo es la unidad, ya sea como mecanismo de lucha política o como sistema de defensa frente al conflicto armado.
Por otra parte, se destaca la particular concepción indígena de la educación, como una responsabilidad que desborda la tradicional relación entre docente, estudiante y escuela, para comprometer a la familia y a la comunidad en general. En igual forma, la diversidad de espacios educativos como el fogón, las asambleas comunitarias, los congresos zonales y regionales, los encuentros, los centros de educación y los rituales.
Otro factor que fortalece la resistencia indígena comunitaria del Cauca, es el pensamiento estratégico de los pueblos indígenas, ya que equivale a actuar en el presente, es decir, pensando en el futuro, previendo los costos y los beneficios de las acciones, dando un paso adelante.
En cuanto a la organización comunitaria, ésta es una de las principales estrategias de la resistencia indígena comunitaria del Cauca, ya que soporta su ejercicio y la dinamiza, al punto que sería imposible hablar de procesos de resistencia civil indígena prescindiendo de ella.
La participación comunitaria es pieza relevante, ya que por medio de asambleas comunitarias y los congresos regionales, congregan en espacios de hasta 6 días a colectivos integrados por 2.000 ó 5.000 indígenas, y se han registrado congresos de gran magnitud como el realizado en Jambaló en diciembre de 2002 que convocó a 17.000 indígenas.
También, se aprueban iniciativas para proyectos productivos, se decide el gasto de los presupuestos de las localidades y la distribución del mismo.
La estrategia de las asambleas permanentes, consiste en la identificación comunitaria de sitios próximos a las localidades, en los que las comunidades pueden refugiarse y deliberar para protegerse del impacto del accionar de los actores armados o de las confrontaciones entre éstos, pudiendo regresar a sus lugares de origen una vez se haya conjurado el peligro. Estos sitios son adecuados como centros de acogida, en ellos se guardan provisiones y se instalan unidades sanitarias.
La guardia indígena, constituye una de las más importantes estrategias de la resistencia indígena comunitaria de los pueblos indígenas del Cauca, pues se destaca porque no sólo recibe la formación estrictamente relacionada con su misión de protección, sino también y en forma complementaria en derechos humanos, derecho internacional humanitario y mecanismos alternativos de resolución de conflictos.
En cumplimiento de su misión la “guardia indígena” acompaña las movilizaciones masivas de los pueblos indígenas; los congresos regionales; afronta a los actores armados sin armas, sólo con la persuasión y el diálogo; brinda la seguridad a visitantes destacados durante su visita a los territorios indígenas.
Es así como vemos que las diversas estrategias de resistencia son más que la lucha, en ella emana la construcción de espacios autogestivos, los cuales se asientan bajo principios del equilibrio y la armonía; pero también, de la necesidad urgente de proteger la vida, las autoridades, el territorio, la autonomía, la cultura, los procesos organizativos, los planes de vida, las experiencias de resistencia civil indígena, y la superviviencia de los pueblos.

“(...) la resistencia indígena, no es de fuerza. Es una resistencia del control, y de que tenemos que defender la vida de cada pueblo indígena, de cada uno de nosotros. La resistencia indígena es de poder sobrevivir, vivir en nuestras tierras”.

Lourdes García

6 de marzo de 2010

“El sueño americano”: el camino, un infierno.


















Los migrantes sólo tienen en su mente un objetivo: cumplir el “sueño americano”. Cada año, un millón de centroamericanos dejan atrás sus hogares prometiendo a su familia que, a su regreso, “todo será mejor”, pero muchos de ellos se quedan en el intento.
No importa cómo llegar la esperanza es grande, encontrar un trabajo y tener mejores condiciones de vida, es lo más importante, así tengan que arriesgar su propia vida.
Llegan de todas partes de Guatemala, Honduras y El Salvador, el punto de partida es la estación de Tapachula, en Chiapas, México, para abordar el tren que creen será su pasaje a una vida nueva, con un poco de dinero y, sobre todo un sueño, es suficiente.
Durante su viaje, enfrentan muchos peligros como los agentes de migración, las maras y los propios del tren en sí. Muchos logran llegar al norte, pero ese mismo tren deja a muchos otros a la suerte, con corazones rotos, amputaciones o macheteados en la línea férrea.
La mayoría de los indocumentados centroamericanos atraviesa México a bordo del ferrocarril que conecta a los estados del sureste, conocido como “el tren de la muerte”, por los peligros que corren los migrantes que viajan como polizones encima de sus vagones.
Sin embargo, en su camino, varios de ellos han sido secuestrados en el sur del Estado de Veracruz. Esta parte del territorio mexicano, funge como corredor migratorio entre las ciudades de Tenosique y Coatzacoalcos, el cual se ha convertido en uno de los puntos críticos para los migrantes centroamericanos, ya que aproximadamente casi tres mil centroamericanos (según un informe de la CNDH para 2009) fueron secuestrados en las colonias cercanas a las vías del ferrocarril que conecta con Medias Aguas, donde se ha instalado toda una industria que vive de los migrantes: posadas baratas y fondas son lo que abunda.
Muy cerca, también se han instalado las casas de migrantes de la iglesia católica, pero llegar hasta ahí representa todo un reto, ya que muchos de los secuestros se presentan en el acceso al municipio.
Existen varios grupos delictivos en esta región de México los secuestradores de migrantes lo hacen con el propósito de conseguir información de sus familiares en Estados Unidos y sus países de origen, para exigirles por su liberación cantidades que oscilan entre los 2.5000 y los 5.000 dólares.
El 90% de estas bandas delinquen en el estado sureño de Chiapas, fronterizo con Guatemala, donde cometen toda clase de crímenes.
Por otra parte, las “maras” que son bandas de centroamericanos, principalmente salvadoreños y hondureños, constituidas inicialmente en EE.UU., suelen desplazarse en trenes de carga que circulan por el sur de México, los mismos que usan los migrantes indocumentados, éstos tienden a establecer relaciones con organizaciones mexicanas de traficantes de narcóticos, además de vincularse con estos grupos para la trata de personas, asaltos, extorsiones, homicidios, secuestros, violaciones y falsificación de documentos.
Según el informe de la CNDH, el 55 por ciento de los secuestros se realizaron, sólo para 2009, en los estados del sur del país; el 11.08 por ciento en las entidades del norte; y el 1.2 en la zona centro. Los estados de Veracruz y Tabasco van a la cabeza de los plagios realizados. Los casos en el resto de las entidades son: Tamaulipas con 912; Puebla 92; Oaxaca 52; Sonora 45; Coahuila 17; San Luis Potosí 15; Estado de México 6; Guanajuato; Nuevo León y Tlaxcala 5 casos cada uno. El 67 por ciento de los secuestrados procedían de Honduras; el 8 por ciento eran salvadoreños; y el 13 por ciento guatemaltecos, también se han detectado migrantes secuestrados procedentes de Nicaragua, Ecuador, Brasil, Chile, Costa Rica y Perú.
Los migrantes secuestrados han revelado el madrinaje entre la delincuencia y los policías de diversas corporaciones: federales, estatales y municipales, e incluso algunos hablan de posibles militares inmiscuidos en la “industria” del secuestro.


Lourdes García

5 de febrero de 2010

"El reino escondido"


Cuando viajamos a La Paz, Bolivia, pensamos en el panorama hermoso de la cordillera de los andes y sus valles que después encontramos, sin embargo son pocos los que llegan a imaginar que en esos hermosos valles tropicales encontramos un “reino escondido” de los afro bolivianos. Es posible ver a hermosas cholitas afro bolivianas con su peculiar pollera (amplias faldas) y su sombrero de fieltro, caminando por las calles de Coroico o la imagen de ellas en los sembradíos de coca.

La comunidad afro boliviana representan menos del 1% de la población Boliviana, sin embargo, está comunidad son bastante unidos y se consideran cien por ciento bolivianos, el 70% de los Afro bolivianos viven en el norte y sur de La Paz y el 30% restante en los departamentos de Santa Cruz y Cochabamba.

Los afro bolivianos fueron traídos de África en condiciones infrahumanas como esclavos para trabajar en las minas de Potosí, de acuerdo a los reportes de la Audiencia de Charcas, en el siglo XVI, se contaban con africanos provenientes del Congo, Senegal y Angola.

En 1953 mediante Decreto de Ley N° 3464 se abolió el "pongueaje" y "mitanaje" (el trabajo gratuito y la servidumbre), lo que favoreció a los afro bolivianos ya que los libró de la esclavitud, así mismo se les otorgó tierras (hasta más de tres hectáreas de tierra) donde viven y trabajan actualmente. En 1992 se llevó a cabo la Primera Asamblea de Naciones Originarias y del Pueblo, en la que participaron varias direcciones de las organizaciones Originarias e Indígenas a la cabeza de la CSUTCB y la CIDOB, la misma tenía el objetivo de que las Naciones Originarias y el Pueblo cuenten con un instrumento de poder y unidad, que constituya interlocutor válido para el todo el pueblo, que recupere su territorio y sea portador de los contenidos ideológicos de: clase, nación identidad y cultura, para la construcción de un Estado Multinacional, Pluricultural, Plurilingüe, Socialista Comunitario, Democrático con dignidad, participativo, con respeto mutuo entre los pueblos originarios, clase media empobrecida, pueblos mestizos y pueblo negro.


Sin embargo, actualmente aún viven en condiciones de exclusión y pobreza, aún a pesar de que en la Nueva Constitución Política del Estado, se les reconoce como parte de la población boliviana, en su Artículo 3 “La nación boliviana está conformada por la totalidad de bolivianas y bolivianos, las naciones y pueblos indígena originario campesinos, y las comunidades interculturales y afro bolivianas que en su conjunto constituyen el pueblo boliviano”.

Los afro bolivianos migran a los centros urbanos en busca de mejores condiciones de vida y de trabajo, ya que la mayoría de la población se asienta en comunidades lejanas y marginadas sin los servicios básicos necesarios.

Por otro lado, en cuanto a la tenencia de tierra, son pocos los afro bolivianos que tienen títulos de propiedad de sus tierras y las propiedades comunitarias que poseen, pertenecían a sus antiguos patrones. Los terrenos con cultivos permanentes, representan el capital del pueblo.

En los yungas cultivan principalmente coca, la que constituye la base económica del hogar y que es la fuente fundamental de la economía de la comunidad, también cultivan café, cítricos, plátano, yuca, papaya y cereales para autoconsumo.

Los Yungas es una de los dos lugares en Bolivia donde la coca puede ser cultivada legalmente, en cantidades limitadas. Los bolivianos la vienen cultivando desde hace siglos, desde los tiempos del imperio Inca. Los cocaleros afro bolivianos han adoptado esta tradición indígena y trabajan intensamente plantando y cosechando arbustos de coca.

Irene Morales, una mujer afroboliviana, trabaja en sus arbustos de coca descalza, en su pequeño y empinado pedazo de tierra.

"Quizás ya no seamos esclavos, pero nosotros, los afros, somos muy pobres, lo cual es muy similar a la esclavitud", dice con un puñado de hojas de coca en la mano.


Lourdes García

17 de diciembre de 2009

La infancia perdida de los niños afganos entre trabajo infantil, abuso sexual, y violencia




La violencia que asola a Afganistán afecta gravemente a la población infantil, los niños afganos siguen siendo reclutados como combatientes, además de que se les abusa sexualmente.[i]
Mortalidad y trabajo infantil, matrimonios precoces, niños soldados o kamikazes, todos estos males aquejan a Afganistán, donde la mitad de la población tiene menos de 15 años. Un 30% de los niños afganos trabajan de una u otra forma, además el 43% de las niñas son obligadas a casarse antes de los 15 años.
No se trata sólo de las terribles violaciones que ocurren en el contexto de la guerra sino también de la terrible pobreza que aqueja al país[ii], y del trabajo duro que deben desempeñar.
Muchos niños son muertos o mutilados tanto en los ataques del Talibán y de otros grupos antigubernamentales, como en los bombardeos aéreos de las fuerzas estadounidenses.
Casi 30 años de conflicto han obligado a millones de niños afganos a quedarse sin educación y trabajar para ayudar a mantener a sus familias. De los 8.4 millones de niños afganos[iii] -más de un tercio de la población de 28 millones- 1,2 millones son la principal fuente de sustento para sus familias y muchos más complementan sus ingresos.
Hay alrededor de 6,5 millones de niños en riesgo en Afganistán quienes son privados de educación.
La pobreza, la falta de seguridad, de educación y un influjo de refugiados regresando a Afganistán desde países vecinos son los principales factores que hacen que las familias obliguen a sus hijos a trabajar.
En Afganistán con frecuencia los niños y niñas están expuestos a abusos y a condiciones laborales inapropiadas. Se les niegan sus derechos humanos y carecen de una educación que podría contribuir a romper el ciclo de pobreza que los rodea. La mayoría de los niños y niñas trabaja durante largas horas en hornos de ladrillo, en la construcción de carreteras, agricultura (producción de adormidera, huertos de frutales) y como niños y niñas soldado. Algunos ya a la edad de 12 años se unen a las bandas callejeras que piden dinero.
Un pequeño ejemplo lo podemos encontrar en las fábricas de ladrillos en la que decenas de niños harapientos y cubiertos de polvo, trabajan como esclavos de ocho de la mañana a siete de la tarde, trabajando a horas en que el sol resulta implacable, enceguecedor, aún así los pequeños trabajan de forma infatigable a pesar del calor y el polvo.
Por otra parte, la mitad de los niños afganos no asisten a la escuela y el mayor grupo que carece de educación es el de las niñas.
Esto no es todo lo que aqueja a la población infantil, aunado a esto las mafias que comercian con el tráfico de esclavos, transportan a los afganos a través de Turquía y Grecia, en algunos casos son explotados aún más por estas mafias y peor aún los tienen viviendo en condiciones infrahumanas.

[i] En 2008 hubo 1,459 casos censados de abusos sexuales contra niños, según datos de la Comisión Europea en Afganistán.
[ii] Afganistán es el quinto país más pobre del mundo. La mayoría de los afganos vive con aproximadamente 2 dólares al día.
[iii] Datos de UNICEF para 2008.



Lourdes García

7 de diciembre de 2009

Sembrando dignidad: la doble lucha de las mujeres zapatistas


Antes de la creación del EZLN, las mujeres eran maltratadas y humilladas por parte del patrón, muchas sufrieron violaciones, fueron tratadas como si no valieran nada, como si sólo sirviesen para parir y cuidar a los hijos, muchas de ellas sufrían y morían en el parto, y cuando enfermaban se curaban con plantas medicinales.

En el inicio del movimiento zapatista, sólo participaban dos mujeres indígenas. Para 1994, el 30 por ciento de las filas del ejército las conformaban mujeres. Poco a poco las mujeres fueron engrosando las filas combatientes, hasta alcanzar, hoy en día, grados de dirección. Algunas de ellas dirigieron a las tropas zapatistas en las acciones militares del 1º. De enero de 1994: Ana María, Ramona, Elena, Irma, Luisa y Elisa, son algunos de los nombres de mujeres que tuvieron un papel destacado en esa mañana de 1994, como combatientes, como dirigentes y como participantes de ese gran movimiento que surgía a la luz pública.

Actualmente, las mujeres conforman la tercera parte de las fuerzas combatientes del EZLN. Además, existe un grupo más numeroso de mujeres zapatistas que pertenecen a las bases de apoyo.

La Mayor Ana María (quién dirigió la toma de San Cristóbal el 1º. De enero de 1994), relata que la participación femenina no se limita a lo estrictamente militar “… son muchas las cosas que se hacen en las comunidades. Desde que empezó a desarrollarse este trabajo del EZLN, fue muy importante la participación de las mujeres en la seguridad, y fueron las jóvenes quienes salieron a pelear, el trabajo de las mujeres de los pueblos es organizarse para hacer trabajos colectivos”. La Mayor Ana María, específica las diferencias entre las milicianas y las insurgentes “las dos son combatientes, pero las milicianas viven en sus pueblos, reciben entrenamiento y van a combatir cuando les toca. Las insurgentes, vivimos en los campamentos y nos distribuimos en los pueblos para ir a enseñar política.

Como ellas mismas lo relatan, ahora luchan por igual derecho que los hombres, ocupan cargos en la milicia, participan también como promotoras de educación o salud, son miembros de las Juntas de Buen Gobierno y de las comisiones de agricultura y artesanías.

En las comunidades se organizan para formar su propia cooperativa, y hasta en algunos casos juntan un dinerito para comprar animalitos y trabajar en colectivo, ya sea criando pollos o marranos, o en su caso, sembrando maíz y hortalizas.

El trabajo de las zapatistas es por conciencia y no por un beneficio personal, lo hacen por apoyar a las comunidades. Es así como se organizan para la comercialización de sus artesanías y productos, para poder subsistir.


La lucha no es sólo con el arma, el trabajo de las mujeres en los pueblos es organizarse.

Hoy, luchan día a día por el respeto a los derechos de todas las mujeres.

“Nuestros derechos son las mejores armas para luchar”

Lourdes García

5 de noviembre de 2009

La Escuela del Mundo al Revés



La escuela del mundo al revés que describe Eduardo Galeano hoy es más que nunca el espejo de lo que acontece en México.

El mundo al revés premia al revés, recompensa la falta de escrúpulos de los políticos corruptos con bonos y jugosos sueldos de más de 300 mil pesos al mes, mientras la mayoría de la población vive en condiciones de extrema pobreza. Asimismo, vemos con el mayor descaro decir ante los ojos del mundo que lo que pasó en Acteal fue un simple ajuste de cuentas entre comunidades indígenas, peor aún haber liberado a criminales de primera, paramilitares pagados por el gobierno del entonces Presidente Ernesto Zedillo, el mundo tal cual lo describe Galeano, está al revés, pues se castiga a luchadores sociales con más de cien años de prisión, mientras que a asesinos como a éstos los dejan libres.

¿Dónde está la justicia en México?

Así, mientras la mayoría de la población ve reducida a casi nada de su canasta alimentaria, se propone un mega paquetazo económico de “emergencia”, ¿emergencia para quién? ¿para los pobres?, no lo creo, pues dicho paquete económico plantea abiertamente el alza de impuestos a alimentos y medicinas como primer medida, y después al ISR, para acabar aún más con los miserables sueldos que reciben los trabajadores, cuando las grandes y hasta medianas empresas evaden con toda tranquilidad los impuestos.

Y, como por arte de magia desaparecieron tres Secretarías, por que no podríamos decir que se integran a otras, pues como caer en la mentira, si cada una de ellas tenía funciones específicas, que no podrán ni en la menor medida cumplir aquellas responsabilidades, como es el caso de la Secretaría de la Reforma Agraria, quien fungía como mediadora en los grandes conflictos agrarios que atañen a nuestro territorio mexicano, de hasta más de veinte años atrás, y que aún siguen esperando respuesta, pero no, no la habrá pues ahora estas tierras quedarán en manos del mejor postor.

Por otro lado, el llamado decreto que extingue Luz y Fuerza del Centro no es más que la gran evidencia de la privatización del servicio de energía en el país, pues se trata de dar toda la concesión a empresas como Televisa, Nextel, TV Azteca, Telmex y las españolas Telefónica y WL Comunicaciones S. A. de C. V., para la distribución de red de fibra óptica.

Así vemos que el gobierno más que importarle la salud o la educación, mínimo, están ante todo los intereses de las empresas para las que él gobierna, y por otro lado, mira y prevé, por si acaso, un estallido social que él mismo ha creado, y se prepara creando nuevos ceferesos, ya listos para quién se atreva a protestar contra sus grandes intereses.

Lo que se ve en México no está muy lejos de lo que pasa en otros países del continente.


Lourdes García

17 de octubre de 2009

Guatemala: En medio de la pobreza y la inseguridad



Guatemala vive hoy una violencia imparable, cada día amanece con nuevos asesinatos de hombres, mujeres e incluso niños, aparecen en algunos casos torturados o mutilados.

Aún después del conflicto armado que sacudió al país, la violencia sigue estando presente. La situación económica y la gran deficiencia social, aunado al alto número de armas en circulación, ponen a Guatemala en una situación de emergencia nacional.

El problema no sólo radica en que existen números rojos, aproximadamente al año han sido asesinadas cinco mil personas, sino que el Estado no asume ninguna responsabilidad.

El crimen organizado, la delincuencia común, las maras o pandillas y los denominados “asesinatos políticos” están desangrando un país ya de por sí castigado por la acción del hombre. Y donde los sectores más vulnerables, como siempre, son sus principales víctimas, como demuestra el hecho de que Guatemala tiene uno de los índices más altos de asesinatos de menores y mujeres.

La aparición de cuerpos con un “tiro de gracia”, atados y en algunos casos decapitados y mutilados, evidencia la existencia de una “limpieza social” (mareros, prostitutas, niños de la calle...), según han denunciado las organizaciones sociales. Las investigaciones señalan que hay elementos de las Fuerzas de Seguridad involucrados en las muertes.

Dentro de la multiplicidad de causas, la impunidad es considerada una de las razones que más influyen en esta oleada.

La situación de inseguridad actual es muy compleja, no existe una razón única que explique los altos niveles de violencia imperantes.

Aún así, Guatemala presenta indicadores de violencia de los más altos de América Latina que superan al único país que continúa viviendo un conflicto armado interno en la región, Colombia.

El Triángulo Norte de Centroamérica (Guatemala, Honduras y El Salvador) presentan niveles comparables de violencia homicida y problemáticas similares en cuanto a la seguridad.

Aunado a esto Guatemala vive uno de los niveles más altos en pobreza y pobreza extrema, el cual afecta a más del 50 por ciento de la población, que apenas sobrevive con US$2 diarios o menos.

La población indígena que representa el 60 por ciento de la población total, de este porcentaje el 74 por ciento de ellos es pobre y el 26 por ciento restante vive en pobreza extrema.
Pero esto no es nuevo, desde hace siglos hay sectores de la población que han padecido hambre y desnutrición crónica.


Lourdes García