18 de mayo de 2010

La Rinconada: Entre el fango y el oro



En la ciudad de Juliaca, cercana a Puno (Perú) ciudad del altiplano andino situada a 3,850 metros sobre el nivel del mar, en las orillas del lago Titicaca, hay autobuses que parten hacia el pueblo minero llamado La Rinconada.


Llegando a Juliaca, de día hace más frío que en Puno, mientras que de noche el termómetro desciende a -5 grados Celsius.


Podemos ver vendedores de maíz tostado que se amontonan alrededor del bus que nos conduce a la sierra, mientras uno intenta acomodarse dentro del bus rodeados de jaulas de gallinas y paquetes voluminosos.


Una vez en la carretera llena de huecos y riachuelos transversales, el autobús va muy rápido y las vibraciones son tan fuertes que los viajeros saltan de vez en sus asientos y los paquetes caen con frecuencia al suelo. En poco tiempo, el interior del bus se llena de polvo y la temperatura baja precipitadamente. Ya en el altiplano, a aproximadamente 4600 metros sobre el nivel del mar, el paisaje se vuelca, se puede ver el Nevado Ananea de 5850 metros sobre el nivel del mar, cuya cima sobresale indiscutiblemente.


Llegando a La Rinconada, en todos los alrededores se pueden observar grandes huecos, como si la tierra fuera un enorme gruyer. De estas fosas se extrae el mineral del cual se saca oro después de un procedimiento especial.


El camión se detiene en Ananea, capital del municipio que comprende también a La Rinconada. Ananea se encuentra a aproximadamente 4800 metros sobre el nivel del mar. Se pueden ver excavadoras y perforadoras, que sirven para transportar grandes cantidades de mineral.


Después de pocos minutos proseguimos el viaje, se puede observar un lago, lamentablemente muy contaminado de mercurio y antimonio, necesarios para la extracción del oro.

El camión continúa subiendo y la mirada recae en el enorme glaciar Ananea, preciosísima fuente de agua pura. Justo bajo el glaciar está La Rinconada, la cual, estando situada a 5400 metros sobre el nivel del mar, es el pueblo más alto del mundo. Tiene una población aproximada de 11 000 habitantes.


Una vez en la explanada principal de La Rinconada se siente una enorme dificultad de respirar debido a la altura y al frío punzante que da la bienvenida a este pueblo minero.


Entonces surge la pregunta de por qué una aldea fue construida al lado de un glaciar. La razón es simple: la mayoría de los 27.000 habitantes eran pobres campesinos del altiplano que se transfirieron a La Rinconada con la ilusión de enriquecerse. Ocuparon un pedazo de montaña y allí construyeron su propia casa, hecha de láminas de zinc, ladrillos y totora. Sacan el mineral de profundos túneles en las proximidades de su hogar y luego lo procesan para extraer oro del mismo. La mayoría de ellos no está al día con los permisos ni con los impuestos peruanos y por tanto, vende el codiciado metal a comerciantes informales que, a su vez, lo revenden en los mercados de Juliaca.


Casi ninguno se enriquece, y los mineros sobreviven en un extraño universo paralelo y gélido. En efecto, la temperatura, a causa de la elevada altitud, desciende a -23 grados Celsius de noche, mientras que de día no supera los 10 grados.


Las condiciones de vida son muy difíciles, ya que aún estando a menos de 600 metros en línea recta del enorme glaciar, en el pueblo no hay agua corriente. Para lavarse, utilizan recipientes de agua helada, la cual de noche se congela. El agua proviene de Ananea, pero no está canalizada en tuberías, sino que se vende en cubos. Algunos la acumulan en los techos de sus cabañas, pero el zinc del que están fabricados la contaminan y quien la bebe, evidentemente se arriesga.


Además, en La Rinconada no hay alcantarillado. Hay baños públicos, que en realidad son “pozos negros”, los cuales deben ser vaciados con frecuencia. No se entiende como es posible, para un pueblo construido literalmente en una mina de oro, no tener agua corriente ni alcantarillas. Así, aún a pesar de estas condiciones la gente no se ha reunido nunca para formar algún comité que se dedique a mejorar las condiciones del pueblo.


Otro aspecto desconcertante de la vida de este centro minero es la falta total de algún tipo de calefacción. A decir verdad, también en Juliaca o en Puno (ciudades bien frías), ninguno utiliza calefacción central ni simples estufas de leña. Esto sucede, en parte, porque la leña no abunda, pero también porque los peruanos están acostumbrados a dormir con muchas cobijas y extrañamente, no sienten la necesidad de una estufa. La estancia en los “hoteles” es difícil ya de por si por el frío, que por 7 soles (3 dólares), ofrecen una cama con 5 o 6 cobijas en una habitación de 2 x 1,5 metros. Para orinar se debe salir (de mucha ayuda es la clásica bacinilla de noche), pero teóricamente, para otras necesidades, se tendría que ir al baño público, ubicado en la calle, a unos 200 metros del hotel.


Los problemas de vivir en el pueblo de la mina de oro más alto del mundo no se han acabado: la mayoría de la gente construyó su propia casa precariamente, sin los fundamentos apropiados y por tanto, el peligro de que se desmoronen o se derrumben es constante. En el poblado no existe un servicio para deshacerse de los residuos, lo más grave es que pareciera que a nadie le importa, puesto que cerca a la escuela hay un gran basurero donde los niños juegan junto a perros, llamas y alpacas.


La situación sanitaria es precaria, dado que muchos mineros sufren de cólicos, fuertes dolores de cabeza y náuseas a causa del mercurio utilizado en el proceso de extracción del oro. Muchos niños tienen diarrea crónica por falta de agua corriente y servicios higiénicos básicos.


Andando en la noche la mayoría de los oscuros antros iluminados por lúgubres luces rojas son sórdidos prostíbulos donde a menudo trabajan jóvenes menores de edad que provienen de varias ciudades de Perú. Caminar de noche en La Rinconada no es muy seguro porque hay pocos policías y mucho alcoholismo. Hay constantes peleas que a veces terminan en cuchilladas.


La falta de oxígeno, el frío punzante y los persistentes pregones de los vendedores de tiquetes de autobús hacia Juliaca, no permite conciliar el sueño.


En La Rinconada hay varias cooperativas cuyos socios son los concesionarios de las diferentes galerías subterráneas. La vida laboral de los mineros se rige por el llamado sistema de cachorreo, que consiste en trabajar todo un día sacando oro para un empleador, quien por pago no le da alimentos ni dinero a su eventual trabajador, sino la oportunidad de buscar durante todo el día siguiente, el mineral que pueda sacar.


El trabajo entonces, se hace penoso e intenso. Los hombres combaten el cansancio y el frío mortal del hielo chacchando coca, mientras acarrean decenas de kilos de mineral en la espalda, y las mujeres y niños pallaquean o seleccionan posibles champas de mineral escarbando en el desmonte, antes de molerlo en los quimbaletes.


El mineral obtenido luego de horas enteras de pico y pala es sometido a un particular procedimiento. Inicialmente, es machacado en morteros especiales para separarlo de las piedras. A continuación se le agrega el mercurio, que se adhiere al oro formando una amalgama. Recalentándola, se obtiene finalmente el oro, puesto que éste se separa del mercurio cuando se le somete a elevadas temperaturas. Por lo general, después de este proceso, se obtiene un gramo de oro de aproximadamente 50 kilos de material.


Por otra parte, en el mercado de La Rinconada se vende carne de gallina, cerveza, patatas, quinua, pero también camisetas, edredones, cobijas, botas e instrumentos para cavar: palas, picos, cascos, cuerdas, lámparas, etc. Con frecuencia, estos negocios son propiedad de los mismos comerciantes que compran oro a precios sumamente bajos, con el fin de lucrarse posteriormente de las reventas en las ciudades.


La Rinconada parece ser un círculo vicioso, donde nadie logra enriquecerse pero todos sobreviven, un grotesco círculo dantesco donde cada uno sueña con su El Dorado resplandeciente, para después encontrarse, en cambio, con la dura realidad de una vida de privaciones, en la total carencia de seguridad laboral, social y sanitaria.


"Buscar oro aquí es la única oportunidad que he encontrado para ganarme la vida y mantener a mi esposa y dos hijos'', dijo el minero informal, mientras se refugia con su familia del aire helado de la puna bajo una carpa de palos y rasgados plásticos.


Y es que en Perú, octavo productor mundial de oro, donde escasean los trabajos y más de la mitad de sus 26 millones de habitantes viven con $1.25 dólares por día, muchas personas deben hacer milagros para llevarse un pan a la boca.


Así, en un buen día de trabajo un minero puede sacar hasta cuatro gramos de oro y cobrar hasta $6 dólares por gramo, pero en uno muy malo, que son la mayoría, nada, salvo un agudo dolor de espalda y los llantos de reclamo de los hambrientos hijos.


Lourdes García

26 de abril de 2010

La resistencia de los indígenas del Cauca


La resistencia indígena comunitaria del Cauca, encuentra su origen y se nutre de la resistencia histórica o ancestral de los pueblos indígenas asentados en este departamento, en la parte suroccidental de Colombia.
Actualmente, están conformados por nueve pueblos indígenas que se asientan en 77 resguardos (comunidades) y que representan una población estimada en 255.486 indígenas.

En forma ejemplarizante, desde su resistencia ancestral, los pueblos indígenas de Colombia han logrado pervivir a distintas violencias, en las últimas décadas se han convertido en importantes actores sociales y políticos, y aportan al proceso de construcción de paz en este país.

Los pueblos indígenas del Cauca, generadores del movimiento indígena en Colombia, en los últimos treinta años se han comprometido con propuestas y acciones no violentas en torno de la recuperación, el fortalecimiento y la protección de sus culturas, su ejercicio de autonomía, y el desarrollo de un proyecto político que ellos identifican como la “construcción de un nuevo país y un mundo posible y deseable", esta visión es similar a la de los zapatistas en Chiapas.

La resistencia indígena del Cauca es histórica, compleja, y fuerte. Ésta constituye una experiencia de construcción de paz desde la base y mediante mecanismos no violentos. Tiene características propias, se expresa en escenarios locales y zonales que se articulan en el regional, y en diversas propuestas y estrategias. Todas ellas se alimentan y retroalimentan dentro de dinámicas propias y participativas, y diversas estructuras que han hecho posible la unidad en la diversidad.
Este departamento se ha caracterizado por la persistente huella de la historia en la generación de profundas desigualdades, diversas formas de exclusión e injusticia social; la composición multiétnica y pluricultural de su población; expresiones de acumulación de riqueza y de pobreza extrema; presencia de diversas modalidades de violencia; y la emergencia y consolidación de movimientos sociales, iniciativas de paz desde la base y experiencias de resistencia civil.
En el contexto actual, en el marco de la política de seguridad democrática del Estado, se ha registrado una mayor militarización de las comunidades, dado que además de la tradicional presencia de los actores armados que se asientan en el territorio, ha ingresado la Policía Nacional, se han instalado Batallones de Alta Montaña, y se han conformado soldados campesinos y redes de informantes.
Las diversas formas de resistencia indígena del Cauca, están visiblemente marcadas por experiencias que han sido generadas desde las bases, en lo local, zonal y regional, estas experiencias no han emergido como producto de iniciativas o imposiciones desde afuera, sino desde la iniciativa de sus necesidades, aspiraciones y procesos propios, las cuales son acciones colectivas en torno de la transformación de la realidad.
La fuerza convocante de los valores que defienden o banderas de lucha, como la vida, la autonomía, la cultura, el territorio, la unidad, la integridad de sus comunidades, el reconocimiento de la diversidad étnica, y propuestas alternativas de desarrollo propio, desde su cultura y necesidades. También, su oposición a modelos económicos homogeneizantes, como la globalización y el tratado de libre comercio.
La incidencia de la planeación en la emergencia de las experiencias, su desarrollo y proyección, y en el ejercicio de la resistencia no violenta. En tal sentido, se educa a las comunidades para asumir esta resistencia, se construyen de manera participativa y comunitaria los planes y manuales de resistencia civil, y estos procesos a su vez son concebidos como planes de vida de los pueblos indígenas.
Cuando el conflicto armado se expresó con intensidad en sus territorios en detrimento de sus banderas de lucha, la resistencia indígena se ejerció también contra esta modalidad de violencia y todos sus actores, mediante estrategias no violentas como el diálogo, la “guardia indígena”, los manuales de resistencia civil, la formación para la resistencia civil, las asambleas permanentes, las movilizaciones masivas, las mingas en resistencia, los pronunciamientos de autonomía y acciones directas no violentas para la protección de las comunidades, la defensa de la autonomía y la liberación de secuestrados.
Las estrategias de resistencia civil indígena también han consistido en movilizaciones masivas, como la realizada en septiembre de 2004 que convocó aproximadamente a 70.000 indígenas; decisiones de congresos regionales y zonales que han dispuesto como forma de intercambio el trueque de productos entre cabildos y zonas, y el consumo de los productos que se cultivan en los resguardos para no depender de los que se traen de afuera; la capacitación sobre el significado y el impacto de la globalización; y las relaciones interétnicas, entre otras.
En términos generales puede afirmarse que la resistencia indígena comunitaria del Cauca se ha ejercido en forma integral, como mecanismo de lucha y de defensa, contra la violencia estructural, la violencia del conflicto armado y el modelo económico neoliberal.
Así, para poder enfrentar y resistir esta embestida, su resistencia está condicionada a sus principales fortalezas comunitarias, como lo es la unidad, ya sea como mecanismo de lucha política o como sistema de defensa frente al conflicto armado.
Por otra parte, se destaca la particular concepción indígena de la educación, como una responsabilidad que desborda la tradicional relación entre docente, estudiante y escuela, para comprometer a la familia y a la comunidad en general. En igual forma, la diversidad de espacios educativos como el fogón, las asambleas comunitarias, los congresos zonales y regionales, los encuentros, los centros de educación y los rituales.
Otro factor que fortalece la resistencia indígena comunitaria del Cauca, es el pensamiento estratégico de los pueblos indígenas, ya que equivale a actuar en el presente, es decir, pensando en el futuro, previendo los costos y los beneficios de las acciones, dando un paso adelante.
En cuanto a la organización comunitaria, ésta es una de las principales estrategias de la resistencia indígena comunitaria del Cauca, ya que soporta su ejercicio y la dinamiza, al punto que sería imposible hablar de procesos de resistencia civil indígena prescindiendo de ella.
La participación comunitaria es pieza relevante, ya que por medio de asambleas comunitarias y los congresos regionales, congregan en espacios de hasta 6 días a colectivos integrados por 2.000 ó 5.000 indígenas, y se han registrado congresos de gran magnitud como el realizado en Jambaló en diciembre de 2002 que convocó a 17.000 indígenas.
También, se aprueban iniciativas para proyectos productivos, se decide el gasto de los presupuestos de las localidades y la distribución del mismo.
La estrategia de las asambleas permanentes, consiste en la identificación comunitaria de sitios próximos a las localidades, en los que las comunidades pueden refugiarse y deliberar para protegerse del impacto del accionar de los actores armados o de las confrontaciones entre éstos, pudiendo regresar a sus lugares de origen una vez se haya conjurado el peligro. Estos sitios son adecuados como centros de acogida, en ellos se guardan provisiones y se instalan unidades sanitarias.
La guardia indígena, constituye una de las más importantes estrategias de la resistencia indígena comunitaria de los pueblos indígenas del Cauca, pues se destaca porque no sólo recibe la formación estrictamente relacionada con su misión de protección, sino también y en forma complementaria en derechos humanos, derecho internacional humanitario y mecanismos alternativos de resolución de conflictos.
En cumplimiento de su misión la “guardia indígena” acompaña las movilizaciones masivas de los pueblos indígenas; los congresos regionales; afronta a los actores armados sin armas, sólo con la persuasión y el diálogo; brinda la seguridad a visitantes destacados durante su visita a los territorios indígenas.
Es así como vemos que las diversas estrategias de resistencia son más que la lucha, en ella emana la construcción de espacios autogestivos, los cuales se asientan bajo principios del equilibrio y la armonía; pero también, de la necesidad urgente de proteger la vida, las autoridades, el territorio, la autonomía, la cultura, los procesos organizativos, los planes de vida, las experiencias de resistencia civil indígena, y la superviviencia de los pueblos.

“(...) la resistencia indígena, no es de fuerza. Es una resistencia del control, y de que tenemos que defender la vida de cada pueblo indígena, de cada uno de nosotros. La resistencia indígena es de poder sobrevivir, vivir en nuestras tierras”.

Lourdes García

6 de marzo de 2010

“El sueño americano”: el camino, un infierno.


















Los migrantes sólo tienen en su mente un objetivo: cumplir el “sueño americano”. Cada año, un millón de centroamericanos dejan atrás sus hogares prometiendo a su familia que, a su regreso, “todo será mejor”, pero muchos de ellos se quedan en el intento.
No importa cómo llegar la esperanza es grande, encontrar un trabajo y tener mejores condiciones de vida, es lo más importante, así tengan que arriesgar su propia vida.
Llegan de todas partes de Guatemala, Honduras y El Salvador, el punto de partida es la estación de Tapachula, en Chiapas, México, para abordar el tren que creen será su pasaje a una vida nueva, con un poco de dinero y, sobre todo un sueño, es suficiente.
Durante su viaje, enfrentan muchos peligros como los agentes de migración, las maras y los propios del tren en sí. Muchos logran llegar al norte, pero ese mismo tren deja a muchos otros a la suerte, con corazones rotos, amputaciones o macheteados en la línea férrea.
La mayoría de los indocumentados centroamericanos atraviesa México a bordo del ferrocarril que conecta a los estados del sureste, conocido como “el tren de la muerte”, por los peligros que corren los migrantes que viajan como polizones encima de sus vagones.
Sin embargo, en su camino, varios de ellos han sido secuestrados en el sur del Estado de Veracruz. Esta parte del territorio mexicano, funge como corredor migratorio entre las ciudades de Tenosique y Coatzacoalcos, el cual se ha convertido en uno de los puntos críticos para los migrantes centroamericanos, ya que aproximadamente casi tres mil centroamericanos (según un informe de la CNDH para 2009) fueron secuestrados en las colonias cercanas a las vías del ferrocarril que conecta con Medias Aguas, donde se ha instalado toda una industria que vive de los migrantes: posadas baratas y fondas son lo que abunda.
Muy cerca, también se han instalado las casas de migrantes de la iglesia católica, pero llegar hasta ahí representa todo un reto, ya que muchos de los secuestros se presentan en el acceso al municipio.
Existen varios grupos delictivos en esta región de México los secuestradores de migrantes lo hacen con el propósito de conseguir información de sus familiares en Estados Unidos y sus países de origen, para exigirles por su liberación cantidades que oscilan entre los 2.5000 y los 5.000 dólares.
El 90% de estas bandas delinquen en el estado sureño de Chiapas, fronterizo con Guatemala, donde cometen toda clase de crímenes.
Por otra parte, las “maras” que son bandas de centroamericanos, principalmente salvadoreños y hondureños, constituidas inicialmente en EE.UU., suelen desplazarse en trenes de carga que circulan por el sur de México, los mismos que usan los migrantes indocumentados, éstos tienden a establecer relaciones con organizaciones mexicanas de traficantes de narcóticos, además de vincularse con estos grupos para la trata de personas, asaltos, extorsiones, homicidios, secuestros, violaciones y falsificación de documentos.
Según el informe de la CNDH, el 55 por ciento de los secuestros se realizaron, sólo para 2009, en los estados del sur del país; el 11.08 por ciento en las entidades del norte; y el 1.2 en la zona centro. Los estados de Veracruz y Tabasco van a la cabeza de los plagios realizados. Los casos en el resto de las entidades son: Tamaulipas con 912; Puebla 92; Oaxaca 52; Sonora 45; Coahuila 17; San Luis Potosí 15; Estado de México 6; Guanajuato; Nuevo León y Tlaxcala 5 casos cada uno. El 67 por ciento de los secuestrados procedían de Honduras; el 8 por ciento eran salvadoreños; y el 13 por ciento guatemaltecos, también se han detectado migrantes secuestrados procedentes de Nicaragua, Ecuador, Brasil, Chile, Costa Rica y Perú.
Los migrantes secuestrados han revelado el madrinaje entre la delincuencia y los policías de diversas corporaciones: federales, estatales y municipales, e incluso algunos hablan de posibles militares inmiscuidos en la “industria” del secuestro.


Lourdes García

5 de febrero de 2010

"El reino escondido"


Cuando viajamos a La Paz, Bolivia, pensamos en el panorama hermoso de la cordillera de los andes y sus valles que después encontramos, sin embargo son pocos los que llegan a imaginar que en esos hermosos valles tropicales encontramos un “reino escondido” de los afro bolivianos. Es posible ver a hermosas cholitas afro bolivianas con su peculiar pollera (amplias faldas) y su sombrero de fieltro, caminando por las calles de Coroico o la imagen de ellas en los sembradíos de coca.

La comunidad afro boliviana representan menos del 1% de la población Boliviana, sin embargo, está comunidad son bastante unidos y se consideran cien por ciento bolivianos, el 70% de los Afro bolivianos viven en el norte y sur de La Paz y el 30% restante en los departamentos de Santa Cruz y Cochabamba.

Los afro bolivianos fueron traídos de África en condiciones infrahumanas como esclavos para trabajar en las minas de Potosí, de acuerdo a los reportes de la Audiencia de Charcas, en el siglo XVI, se contaban con africanos provenientes del Congo, Senegal y Angola.

En 1953 mediante Decreto de Ley N° 3464 se abolió el "pongueaje" y "mitanaje" (el trabajo gratuito y la servidumbre), lo que favoreció a los afro bolivianos ya que los libró de la esclavitud, así mismo se les otorgó tierras (hasta más de tres hectáreas de tierra) donde viven y trabajan actualmente. En 1992 se llevó a cabo la Primera Asamblea de Naciones Originarias y del Pueblo, en la que participaron varias direcciones de las organizaciones Originarias e Indígenas a la cabeza de la CSUTCB y la CIDOB, la misma tenía el objetivo de que las Naciones Originarias y el Pueblo cuenten con un instrumento de poder y unidad, que constituya interlocutor válido para el todo el pueblo, que recupere su territorio y sea portador de los contenidos ideológicos de: clase, nación identidad y cultura, para la construcción de un Estado Multinacional, Pluricultural, Plurilingüe, Socialista Comunitario, Democrático con dignidad, participativo, con respeto mutuo entre los pueblos originarios, clase media empobrecida, pueblos mestizos y pueblo negro.


Sin embargo, actualmente aún viven en condiciones de exclusión y pobreza, aún a pesar de que en la Nueva Constitución Política del Estado, se les reconoce como parte de la población boliviana, en su Artículo 3 “La nación boliviana está conformada por la totalidad de bolivianas y bolivianos, las naciones y pueblos indígena originario campesinos, y las comunidades interculturales y afro bolivianas que en su conjunto constituyen el pueblo boliviano”.

Los afro bolivianos migran a los centros urbanos en busca de mejores condiciones de vida y de trabajo, ya que la mayoría de la población se asienta en comunidades lejanas y marginadas sin los servicios básicos necesarios.

Por otro lado, en cuanto a la tenencia de tierra, son pocos los afro bolivianos que tienen títulos de propiedad de sus tierras y las propiedades comunitarias que poseen, pertenecían a sus antiguos patrones. Los terrenos con cultivos permanentes, representan el capital del pueblo.

En los yungas cultivan principalmente coca, la que constituye la base económica del hogar y que es la fuente fundamental de la economía de la comunidad, también cultivan café, cítricos, plátano, yuca, papaya y cereales para autoconsumo.

Los Yungas es una de los dos lugares en Bolivia donde la coca puede ser cultivada legalmente, en cantidades limitadas. Los bolivianos la vienen cultivando desde hace siglos, desde los tiempos del imperio Inca. Los cocaleros afro bolivianos han adoptado esta tradición indígena y trabajan intensamente plantando y cosechando arbustos de coca.

Irene Morales, una mujer afroboliviana, trabaja en sus arbustos de coca descalza, en su pequeño y empinado pedazo de tierra.

"Quizás ya no seamos esclavos, pero nosotros, los afros, somos muy pobres, lo cual es muy similar a la esclavitud", dice con un puñado de hojas de coca en la mano.


Lourdes García

17 de diciembre de 2009

La infancia perdida de los niños afganos entre trabajo infantil, abuso sexual, y violencia




La violencia que asola a Afganistán afecta gravemente a la población infantil, los niños afganos siguen siendo reclutados como combatientes, además de que se les abusa sexualmente.[i]
Mortalidad y trabajo infantil, matrimonios precoces, niños soldados o kamikazes, todos estos males aquejan a Afganistán, donde la mitad de la población tiene menos de 15 años. Un 30% de los niños afganos trabajan de una u otra forma, además el 43% de las niñas son obligadas a casarse antes de los 15 años.
No se trata sólo de las terribles violaciones que ocurren en el contexto de la guerra sino también de la terrible pobreza que aqueja al país[ii], y del trabajo duro que deben desempeñar.
Muchos niños son muertos o mutilados tanto en los ataques del Talibán y de otros grupos antigubernamentales, como en los bombardeos aéreos de las fuerzas estadounidenses.
Casi 30 años de conflicto han obligado a millones de niños afganos a quedarse sin educación y trabajar para ayudar a mantener a sus familias. De los 8.4 millones de niños afganos[iii] -más de un tercio de la población de 28 millones- 1,2 millones son la principal fuente de sustento para sus familias y muchos más complementan sus ingresos.
Hay alrededor de 6,5 millones de niños en riesgo en Afganistán quienes son privados de educación.
La pobreza, la falta de seguridad, de educación y un influjo de refugiados regresando a Afganistán desde países vecinos son los principales factores que hacen que las familias obliguen a sus hijos a trabajar.
En Afganistán con frecuencia los niños y niñas están expuestos a abusos y a condiciones laborales inapropiadas. Se les niegan sus derechos humanos y carecen de una educación que podría contribuir a romper el ciclo de pobreza que los rodea. La mayoría de los niños y niñas trabaja durante largas horas en hornos de ladrillo, en la construcción de carreteras, agricultura (producción de adormidera, huertos de frutales) y como niños y niñas soldado. Algunos ya a la edad de 12 años se unen a las bandas callejeras que piden dinero.
Un pequeño ejemplo lo podemos encontrar en las fábricas de ladrillos en la que decenas de niños harapientos y cubiertos de polvo, trabajan como esclavos de ocho de la mañana a siete de la tarde, trabajando a horas en que el sol resulta implacable, enceguecedor, aún así los pequeños trabajan de forma infatigable a pesar del calor y el polvo.
Por otra parte, la mitad de los niños afganos no asisten a la escuela y el mayor grupo que carece de educación es el de las niñas.
Esto no es todo lo que aqueja a la población infantil, aunado a esto las mafias que comercian con el tráfico de esclavos, transportan a los afganos a través de Turquía y Grecia, en algunos casos son explotados aún más por estas mafias y peor aún los tienen viviendo en condiciones infrahumanas.

[i] En 2008 hubo 1,459 casos censados de abusos sexuales contra niños, según datos de la Comisión Europea en Afganistán.
[ii] Afganistán es el quinto país más pobre del mundo. La mayoría de los afganos vive con aproximadamente 2 dólares al día.
[iii] Datos de UNICEF para 2008.



Lourdes García

7 de diciembre de 2009

Sembrando dignidad: la doble lucha de las mujeres zapatistas


Antes de la creación del EZLN, las mujeres eran maltratadas y humilladas por parte del patrón, muchas sufrieron violaciones, fueron tratadas como si no valieran nada, como si sólo sirviesen para parir y cuidar a los hijos, muchas de ellas sufrían y morían en el parto, y cuando enfermaban se curaban con plantas medicinales.

En el inicio del movimiento zapatista, sólo participaban dos mujeres indígenas. Para 1994, el 30 por ciento de las filas del ejército las conformaban mujeres. Poco a poco las mujeres fueron engrosando las filas combatientes, hasta alcanzar, hoy en día, grados de dirección. Algunas de ellas dirigieron a las tropas zapatistas en las acciones militares del 1º. De enero de 1994: Ana María, Ramona, Elena, Irma, Luisa y Elisa, son algunos de los nombres de mujeres que tuvieron un papel destacado en esa mañana de 1994, como combatientes, como dirigentes y como participantes de ese gran movimiento que surgía a la luz pública.

Actualmente, las mujeres conforman la tercera parte de las fuerzas combatientes del EZLN. Además, existe un grupo más numeroso de mujeres zapatistas que pertenecen a las bases de apoyo.

La Mayor Ana María (quién dirigió la toma de San Cristóbal el 1º. De enero de 1994), relata que la participación femenina no se limita a lo estrictamente militar “… son muchas las cosas que se hacen en las comunidades. Desde que empezó a desarrollarse este trabajo del EZLN, fue muy importante la participación de las mujeres en la seguridad, y fueron las jóvenes quienes salieron a pelear, el trabajo de las mujeres de los pueblos es organizarse para hacer trabajos colectivos”. La Mayor Ana María, específica las diferencias entre las milicianas y las insurgentes “las dos son combatientes, pero las milicianas viven en sus pueblos, reciben entrenamiento y van a combatir cuando les toca. Las insurgentes, vivimos en los campamentos y nos distribuimos en los pueblos para ir a enseñar política.

Como ellas mismas lo relatan, ahora luchan por igual derecho que los hombres, ocupan cargos en la milicia, participan también como promotoras de educación o salud, son miembros de las Juntas de Buen Gobierno y de las comisiones de agricultura y artesanías.

En las comunidades se organizan para formar su propia cooperativa, y hasta en algunos casos juntan un dinerito para comprar animalitos y trabajar en colectivo, ya sea criando pollos o marranos, o en su caso, sembrando maíz y hortalizas.

El trabajo de las zapatistas es por conciencia y no por un beneficio personal, lo hacen por apoyar a las comunidades. Es así como se organizan para la comercialización de sus artesanías y productos, para poder subsistir.


La lucha no es sólo con el arma, el trabajo de las mujeres en los pueblos es organizarse.

Hoy, luchan día a día por el respeto a los derechos de todas las mujeres.

“Nuestros derechos son las mejores armas para luchar”

Lourdes García

5 de noviembre de 2009

La Escuela del Mundo al Revés



La escuela del mundo al revés que describe Eduardo Galeano hoy es más que nunca el espejo de lo que acontece en México.

El mundo al revés premia al revés, recompensa la falta de escrúpulos de los políticos corruptos con bonos y jugosos sueldos de más de 300 mil pesos al mes, mientras la mayoría de la población vive en condiciones de extrema pobreza. Asimismo, vemos con el mayor descaro decir ante los ojos del mundo que lo que pasó en Acteal fue un simple ajuste de cuentas entre comunidades indígenas, peor aún haber liberado a criminales de primera, paramilitares pagados por el gobierno del entonces Presidente Ernesto Zedillo, el mundo tal cual lo describe Galeano, está al revés, pues se castiga a luchadores sociales con más de cien años de prisión, mientras que a asesinos como a éstos los dejan libres.

¿Dónde está la justicia en México?

Así, mientras la mayoría de la población ve reducida a casi nada de su canasta alimentaria, se propone un mega paquetazo económico de “emergencia”, ¿emergencia para quién? ¿para los pobres?, no lo creo, pues dicho paquete económico plantea abiertamente el alza de impuestos a alimentos y medicinas como primer medida, y después al ISR, para acabar aún más con los miserables sueldos que reciben los trabajadores, cuando las grandes y hasta medianas empresas evaden con toda tranquilidad los impuestos.

Y, como por arte de magia desaparecieron tres Secretarías, por que no podríamos decir que se integran a otras, pues como caer en la mentira, si cada una de ellas tenía funciones específicas, que no podrán ni en la menor medida cumplir aquellas responsabilidades, como es el caso de la Secretaría de la Reforma Agraria, quien fungía como mediadora en los grandes conflictos agrarios que atañen a nuestro territorio mexicano, de hasta más de veinte años atrás, y que aún siguen esperando respuesta, pero no, no la habrá pues ahora estas tierras quedarán en manos del mejor postor.

Por otro lado, el llamado decreto que extingue Luz y Fuerza del Centro no es más que la gran evidencia de la privatización del servicio de energía en el país, pues se trata de dar toda la concesión a empresas como Televisa, Nextel, TV Azteca, Telmex y las españolas Telefónica y WL Comunicaciones S. A. de C. V., para la distribución de red de fibra óptica.

Así vemos que el gobierno más que importarle la salud o la educación, mínimo, están ante todo los intereses de las empresas para las que él gobierna, y por otro lado, mira y prevé, por si acaso, un estallido social que él mismo ha creado, y se prepara creando nuevos ceferesos, ya listos para quién se atreva a protestar contra sus grandes intereses.

Lo que se ve en México no está muy lejos de lo que pasa en otros países del continente.


Lourdes García